Los años 2004 y 2005 fueron un período más que grato para los biólogos marinos. Tanto en la expedición al lecho marino del Ártico, llamado Cuenca del Canadá, como en las aguas del sudeste asiático. Días después del maremoto que dio lugar al destructivo tsunami de diciembre pasado, tuvo lugar una serie de hallazgos de nuevas formas de vida.
La primera serie de hallazgos se produjo en el 2004, pasado cuando la descomunal porción de tierra submarina cedió en el sudeste de Asia y el fondo oceánico se revolvió en una amplia extensión, sacando a luz a muchas de las especies abismales nunca vistas y con un aspecto increíble. El entorno donde viven estos seres es un mundo completamente oscuro con presiones elevadísimas, por lo cual han sido dotados por la naturaleza de complejos órganos especiales, como prolongaciones fosforescentes y estómagos dúctiles. Algunas de estas formas de vida son escalofriantes a simple vista, y algunas tienen el aspecto de verdaderos peces prehistóricos. De hecho, los citólogos (estudiosos de los peces) han reconocido que probablemente muchas de estas especies hayan estado ya rondando en las profundidades desde hace miles de años.

La zona o región abisal es un ambiente submarino, limitado por la zona pelágica, que comienza a partir de los 5000 metros de profundidad y se extiende hasta los 11000 metros correspondientes a las fosas oceánicas. Esta zona morfológica de la geografía del fondo marino ocupa un 3% del área total de los océanos. Se puede situar en cualquier punto entre los 2000 y los 5000 metros.






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